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El Hobbit: La desolación de Smaug

Bueno, a mí al menos Smaug no me dejó desolado, aunque a algunos puede que sí, y es que esta nueva incursión de Peter Jackson a la Tierra Media tuvo detractores como partidarios por igual desde que se difundió la noticia sobre una nueva adaptación de las obras de Tolkien por parte del director neozelandés, y los comentarios ambivalentes se acrecentaron aún más desde la primera entrega “Un Viaje Inesperado”, en las que por un lado se ensalzaba el aspecto técnico de la película, resaltando la innovadora decisión de rodar a 48 fotogramas por segundo; aunque por el otro se puntualizó las lagunas que podrían implicar en la trama el hecho de extender a una trilogía un libro que solo contiene alrededor de 300 páginas, sin duda en un intento por recrear el éxito obtenido con la saga de “El Señor de los Anillos.”

Así que podemos imaginarnos a estos dos “bandos” para representar a este sangriento escenario mediático, por un lado a los críticos y mordaces orcos, y por el otro a los elfos defensores de este nuevo proyecto, y al parecer éstos últimos van ganando la batalla, pues “El Hobbit: la desolación de Smaug” se impone como líder en la taquilla a nivel mundial, cosechando además buenas críticas en la mayoría de los portales cinéfilos.

Así que no te tires al caudaloso río mi estimado y valiente Bilbo Bolsón, pues si bien es cierto que tu aventura no supera la magnificencia a la que se embarcó tu sobrino Frodo (¿y existirá alguna acaso que sí?) de todas maneras es una travesía a la que todo amante de la fantasía épica estará dichoso de acompañarte.

Y es que si comparamos la película con el libro, es cierto que el tío Peter se tomó varias libertades con la modificación del guión, incluyendo algún que otro relleno innecesario (como la sacrílega y aburrida relación entre un enano y una elfa) pero considero que la mayoría de los cambios que introdujo fueron acertados, en especial al concederle más protagonismo a Smaug.

Debe transcurrir un buen preámbulo antes de contemplar la inmensidad de este legendario dragón, pero entre la visita a un metamorfo “cambia pieles”, ataques en el Bosque Oscuro no apto para aracnofóbicos, y un frenético escape del castillo de los elfos que le sirve a Bilbo para investirse bajo el peculiar título de “Jinete de Barril” uno fácilmente pierde la noción del tiempo, hasta que finalmente la expedición de enanos dirigida por el tenaz pero a la vez codicioso Thorin Escudo de Roble consigue llegar a un destino que parecía eternamente remoto e inasequible.

No daré detalles al respecto sobre esta última escena, solo voy a mencionar que si hasta ese punto por alguna razón la película te pareció larga y tediosa, el encuentro con Smaug te  hará arder de la emoción, ya sea con las inteligentes conversaciones que mantiene con Bilbo mientras lo interpela sobre su intrusión en el interior de la Montaña Solitaria, como también… ah ah ah… cierto cierto… prometí ya no dar ningún detalle, dejaré que aprecien por sí mismos ese momento, pero igual comparto el trailer de la película, para que vayan formándose una idea de lo que les espera.

Publicado por

Camilo Acosta

Camilo Acosta

Ignorante que intenta ignorar cada vez menos.

4 comentarios en “El Hobbit: La desolación de Smaug”

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