El Síndrome del Nido Vacío

Ayer Pau salió más temprano de lo habitual de la facultad y fui a buscarla. Volvimos a casa y sentíamos que nos faltaba algo. Ninguno de los dos tenía nada pendiente por hacer pero igual sentíamos que nos faltaba algo.

Ahí es cuando me di cuenta que estábamos experimentando por primera vez el Síndrome del Nido Vacío. Ese sentimiento absurdo de soledad cuando tu hijo/a no está cerca. Bruni estaba en lo de la mamá de Pau, y esa soledad nos estaba agobiando de una manera simpática.

Oficialmente hemos perdido la capacidad de estar sin hacer nada. Llevamos 4 meses a las corridas, siempre hay algo que hacer. Preparar un biberón, cambiar un pañal o pasear a Bruni para se calme, son situaciones que están en el orden de cada día.

Esos 30 minutos, estuvimos los dos mirándonos y riéndonos de la nueva situación que se presentaba.

Y pensar, que para mí, mis horas de ocio antes eran religiosas. Ahora no son más que un recuerdo de años donde no tenía nada importante por hacer.

Bruni nos absorbe todo el tiempo, pero no me quejo. Es la mejor forma de gastarlo. Ver como va aprendiendo cositas y va creciendo cada día, es por lejos, lo más lindo de la vida.

Hasta la próxima semana.

La diferencia entre “quiero” y “necesito”

Conforme pasan los días con Brunita en nuestras vidas, siento que estoy empezando a prescindir de cosas que creía eran necesarias. Antes no podía vivir sin una Macbook o sin el último iPhone. Hoy, llevo 45 días sin Macbook ni iPhone y estoy perfectamente bien.

En nuestros años de ocio, antes de tener una responsabilidad mayor, nos creamos hábitos de consumo que nos convierten en “adictos” o “dependientes” de ciertas marcas o productos.

Conforme pasan los días, empiezo a entender con más fuerza la frase que repetía una profesora de filosofía en la facultad, la diferencia entre “quiero” y “necesito”.

Queremos muchas cosas, el último celular, el último modelo de nuestro auto favorito , la ultima línea de ropa de nuestra marca favorita. Pero estas cuestiones se vuelven banales porque uno empieza a cuidar mejor el dinero y a usarlo mejor.

Llevo 10 años trabajando y en 45 días desde que nació Brunita, he ahorrado más dinero que en los otros 9 años y 11 meses restantes que trabaje.

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El ahorro se hizo parte de mi vida, en base a la convicción de que deseo darle la mejor educación posible a mi hija y esto, en nuestro país está atado al dinero. No solo al dinero, los valores y la educación empiezan en casa, pero si están atados a la hora de elegir un colegio o una universidad.

Para que entiendan, en una oración como es la vida de padres, puedo resumirla en: Me estoy preocupando hoy de ahorrar el dinero suficiente, para que mi hija tenga una buena educación dentro de 7 años.

Es duro, un hermoso desafío, que nos convierte sin querer en personas un poco mas altruistas.

Hasta la próxima semana.