Arno roca's eyes

La tradición de la sangre

Colombia es un país hermoso pero que guarda una profunda tragedia, y con los primeros 3 minutos de éste documental entenderán a qué me refiero.

Ciertamente estuve dubitativa acerca de si debía o no postear este documental. Ha ganado premios en festivales europeos y pocos de quienes lo ven lo olvidan. No hace falta ser colombiano, las injusticias se expresan en un lenguaje universal.

Y es que de fondo viene la historia. Ahí es cuando pienso ¿por qué no publicarlo?

Habrá a quien le interesen los dolores de Colombia. Estamos a pocas horas de elegir un nuevo presidente y seguramente, a pesar de no vivir o no haber nacido en Colombia, muchos habrán escuchado que aquí se libra una guerra.

Pues bien, también se está dialogando un proceso de paz con la llamada guerrilla más antigua del mundo, tras más de medio siglo alzados en armas.

Pero las FARC no son todo. Además sufrimos en algún momento de algo denominado Paramilitares, algo así como ejércitos privados que combatían a la guerrilla y perseguían todo lo que les oliera a subversión de izquierda. Se llamaron a sí mismas las AUC -Autodefensas Unidas de Colombia- y cometieron las masacres más atroces que nadie pueda imaginar.

Con las AUC se llevó a cabo un proceso de desmovilización rápido y mediocre, lo que llevo a que posteriormente mutaran hacía las BACRIM, las Bandas Criminales, quienes hoy día están haciendo de las suyas.

No entraré en discusión ni en especulaciones sobre la relación que hubo entre las AUC y algunos políticos colombianos. Aunque la hubo, definitivamente (en este momento hay muchos políticos presos por parapolítica, en caso que alguien quiera investigar), y fueron actos ilegales de la misma manera que lo fueron aquello que los medios popularizaron como “las chuzadas”, que no era otra cosa que interceptaciones a las conversaciones telefónicas, emails y comunicaciones de miembros del gobierno, periodistas, militares, etc. Eso en Colombia es ilegal, pero aun así…

Uno de los perjudicados por aquellas chuzadas fue el periodista Hollman Morris, quien se declara a sí mismo de izquierda, y quien además tuvo que exiliarse por algunos años de Colombia debido a amenazas de muerte, interceptaciones y demás; durante el ejercicio de su labor como periodista investigativo, incisivo y preocupado por lo social, solían imponerle trabas y más amenazas. Valga decir que, independientemente de sus afinidades políticas, Morris se había ganado el respeto de sus colegas por la pasión que le imponía a su profesión, la misma que le bastó para decidir volver a Colombia y continuar su trabajo.

Hollman Morris realizó Impunity. Pero la historia no es sobre él.

No hace falta que les interese la historia. No hace falta que les gusten los documentales. Suficiente con que conserven un poco de ese morbo humano que nos atrae irremediablemente hacía las películas con terror y sangre. Porque Impunity es, en efecto, una película de terror.

Sólo para aclarar: aquel primer testimonio no es un caso aislado. Estamos hablando de un país con más de 5 millones de víctimas de la guerra y más de 5 décadas de violencia explícita, generalizada. Mañana elegimos Presidente y quien asuma el cargo tendrá que combatir esta cruenta costumbre de querer hacernos daño entre nosotros; a menos que aquel, el nuevo representante máximo de los colombianos, se decida por formalizar y promover la violencia como parte de la idiosincrasia nacional.

En ese caso, Impunity sería el comienzo de una saga.

Publicado por

Mayeli Espinosa

Mayeli Espinosa

Gimme arepa con café, baby! Oh yeah!

6 comentarios en “La tradición de la sangre”

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