"Pots on the wall"

La familia más limpia del mundo

Internet define Pulcritud como “limpieza muy grande”, y ése y no otro debería ser el apellido de esta singular familia.

Pero no. Son los Johnson, como el shampoo o como La Roca, y viven en la ciudad de Mill Valley al norte de California, ostentando el honor de ser literalmente una de las familias más limpias de Estados Unidos o quién sabe, quizá sea la familia más limpia de todo el planeta Tierra. O quién sabe, quizá ni siquiera son de éste planeta, y pese a todo, sus actos demuestran el gran cariño que le tienen.

El clan Johnson se compone de cuatro integrantes -madre, padre, hijo e hijo- y producen entre todos apenas un tarro -un tarrito- de basura al año. Sin lugar a dudas la proporción de tarrito está bastante alejada a la del promedio de desechos producidos por una familiar americana, rondando cerca de una tonelada anual. Si bien su estilo de vida puede parecer extremo, en realidad es bastante sencillo y no por ello menos interesante.

Además, reconozcámoslo, lejos de dar la impresión de una austeridad incómoda, su casa es hermosa y sus fotos transmiten la serenidad que uno imagina que existe -si acaso- sólo en las nubes del paraíso.

Todo fue culpa de la madre, Bea Johnson, una francesa que se mudó desde joven a los Estados Unidos persiguiendo el sueño americano. En algún punto de su vida fue niñera de una familia que lo perdió todo en un incendio y desde ese momento la idea de tener un hogar donde cada objeto fuera realmente necesario, que se valorara al máximo, empezó a dar vueltas en su cabeza. Aparte de ello, Bea afirma que otra de las razones para cambiar a este estilo de vida fue el haber pasado por un periodo de dificultades económicas durante la recesión que sufrió el país y a partir de la cual adoptar la filosofía de “cero desperdicio” surgió como una ayuda para superarlas.

La revolución doméstica empezó en el 2007 y a todos les fue difícil aceptarla. Bajo el mando de una mamá muy obstinada, ella y el resto de los hombres comenzaron la reforma de los hábitos elementales: se mudaron a una casa más pequeña, su comida era diferente y los alimentos se compraban en grandes cantidades, evitando el consumo de comidas empacadas en materiales industrializados. Cómo si fuera poco, más adelante también empezaron a fabricar sus propios productos de aseo, partiendo de aceites vegetales y siendo fieles a la autodeterminación de evitar residuos de envases o de tener exceso de cosas innecesarias.

En el supermercado ya los reconocen porque cargan sus propias bolsas reutilizables y a veces incluso sus propios frascos de despensa para productos como carne o granos, pidiendo a los dependientes que los depositen directamente allí. También procuran comprar a los agricultores o en mercados orgánicos del sector. Para completar, Bea Johnson aprendió una técnica japonesa conocida como Furoshiki, y de esta manera consigue empacar en un trapito doméstico la comida que sus hijos llevan todos los días al colegio.

Básicamente más del 99% de los desechos generados por la familia Johnson son orgánicos y ellos mismos controlan el proceso para convertir todo en abono. Es por eso que al ver las imágenes de su casa, se puede notar como los pocos adornos que tienen (aquellos que no son blancos) son plantas muy frondosas que se roban la atención.

Esta propuesta de vida se basa en ideas que vienen desde los años 70, entendidas dentro del concepto de “Zero Waste” (cero desperdicio) y que incentiva a las personas a alcanzar la meta de reducir al máximo los desechos generados en el día a día. No obstante, Bea afirma que cuando tomó la decisión, encontró muy poca información en internet al respecto y en cambio tuvo que experimentar con otras alternativas, aprender a construir el método por sí misma.

Hoy por hoy, Bea ha ganado una buena cantidad de premios, principalmente en relación a temáticas ambientales. También ha escrito un libro, tiene un blog, un canal en Youtube y ha dado diversas entrevistas en donde explica con más detalle cómo ha adaptado su vida a la reducción de desperdicios.

Finalmente, en una de tantas declaraciones, Bea señala un argumento contundente “puedes reciclar o incluso convertir todo en abono, pero no se trata de eso. Se trata de no comprar, punto. Una vez compras algo, tienes que encontrar la manera de tirarlo una vez se consuma”.

Denle un vistazo a su blog, la visita es agradable y de seguro podemos aprender algo.

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La basura de todo un año.

 

Publicado por

Mayeli Espinosa

Mayeli Espinosa

Gimme arepa con café, baby! Oh yeah!

26 comentarios en “La familia más limpia del mundo”

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