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Comidas y traumas

Cuando vivía con mis padres, teníamos un par de comidas a las cuales en mi cabeza yo llamaba “comidas de fin de mes”. Eran esas comidas, que se preparaban para almuerzo y cena cuando ya habíamos acabado todo lo demás.

Cuando salí de casa, estas comidas quedaron tachadas de mi lista de alimentos de por vida. Nunca más pude disfrutar igual la carne molida, fideos, atún o sardinas a causa de haber comido por años y años estas comidas, cuando solo sobraba eso. Somos 5 hermanos, tienen que entender que el pan, el jamón y el queso duraban menos que lo que le duraba una torta de jamón al Chavo.

Esto me llevo a desarrollar un par de traumas y al convivir con mi novia ella no entendía porque yo evitaba esos alimentos, hasta que se lo explique.

Hace poco, conversando con un amigo, me contaba que a él le ocurría lo mismo en su familia. Desde que vivía con su señora, le había pedido que no le cocine guiso, porque era lo único que comía a fin de mes, porque también proviene de una familia numerosa.

Indagando más sobre este tema, recordé que mi padre no come casi pollo. Siempre que le preguntábamos mencionaba que antes, solamente comía eso.

Estos traumas alimenticios, se transfieren de generación en generación, por el hecho de que estos alimentos directamente ya no forman parte de nuestra dieta.

Esto me hace reflexionar, sobre que la educación del niño/a debe ser lo más neutral posible con lo difícil que esto suena. Cada día que pasa, uno se da cuenta, que su hijo/a es un pan moldeándose y que los años y las experiencias son el horno que lo forman como producto final.

Espero que Brunita no tenga una “comida de fin mes”, pero seguro también le pasará.

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Hasta la próxima semana.

Publicado por

Istvan Nagy

Istvan Nagy

Soy más productivo de noche. No tengo club, partido político ni religión. Fan de Pink Floyd. Papá en construcción. La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo.