The Final Cut, el hijo ignorado

Imaginemos por un momento a la extensa discografía de Pink Floyd como su “prole”, en ese caso podríamos divagarnos diciendo que la responsabilidad en hacer que la estirpe continúe vigente y reconocida socialmente en las generaciones futuras recaerá sobre los hombros de los hermanos más exitosos, digamos que éstos serían el inestable y siempre conflictivo The Wall, el cósmico The Dark Side of the Moon, y finalmente el chico nostálgico y melancólico, Wish you Were Here.

Podría mencionar además al primogénito psicodélico, fruto del primer matrimonio, que fue The Piper at the Gates of Dawn, o los niños que fueron concebidos luego del último “divorcio” de los padres, A Momentary Lapse of Reason y The Division Bell, pero si inicié con esta absurda temática familiar fue porque simplemente quería agasajar a aquel que está hoy de cumpleaños, aunque casi nunca se acuerden de él, The Final Cut.

Hace 31 años se lanzaba al mercado lo que para muchos aún es catalogado como un albúm solista de Waters, y es que el tío Rogelio no solo compuso en su totalidad las canciones que se desprenden de esta oda anti bélica; sino que además relegó al gordo Gilmour a cantar nada más que una sola pista “Not Now John”. Wright tampoco pudo participar del proyecto, pero porque ya había sido despedido por el mismo Waters.

Inclusive se apropió del diseño de la portada, pues para conmemorar a su padre caído durante la Segunda Guerra Mundial (hecho que lo marcó profundamente, aunque solo tenía en ese entonces meses de recién nacido) agregó en la carátula un primer plano de las medallas militares que sirvieron para distinguir a los oficiales durante esa contienda .

Pero indistintamente al autoritarismo de Waters (actitud que terminaría por alejarlo de la banda, siendo esta su última colaboración oficial) el disco también fue bastante desvirtuado porque se conformó a partir de los desechos de The Wall, aunque desecho es una palabra muy fea, digamos “material extra no incluido”,  (por ejemplo el tema “When the Tigers Broke Free”  figura en la película de The Wall, pero posteriormente formó parte de The Final Cut)

No obstante le tengo un especial cariño, fue uno de los primeros trabajos que consumí por completo de este grupo, y aunque siempre lo relacionen con The Wall (estamos delante de la típica historia del hermano menor opacado por la inconmensurable fama del mayor) creo que tiene su encanto único. Ya desde la primera canción “The Post War Dream” este hijo ignorado reclama demostrarnos su identidad y alzarse como niño prodigio, y si los oídos más reacios se niegan a reconocerlo como tal, canciones como ésta servirán para doblegarlos.

Dos décadas sin Bill Hicks

Siempre los comediantes me causaron bastante admiración. Es que uno no requiere simplemente de un excepcional sentido del humor para forjarse una carrera y destacarse dentro de este peculiar ámbito del espectáculo, sino que son varias las aptitudes necesarias para triunfar con esta vocación.

El talento reside en presentar al espectador la realidad desde otra perspectiva, esta puede consistir por ejemplo en momentos propios de nuestra cotidianidad, aquellos que ya forman parte de lo que podríamos catalogar como nuestra “vida mecánica”. Satirizar la rutina me parece una de las maneras más efectivas para conectarse con el público, porque uno fácilmente puede sentirse identificado al verse reflejado en la mayoría de los sketchs.

Ridiculizar a la sociedad, sus costumbres y principales protagonistas, exponerlas bajo un ojo crítico y hacer divertida la tragedia que nos rodea también supone un reto para estos artistas, pero algunos no buscan simplemente entretenernos, sino además abofetearnos; no pretenden hacernos reír, más bien burlarse de nosotros, y el principal de ellos creo que fue Bill Hicks.

Los contenidos de sus monólogos nunca estuvieron exentos de polémica, pues abarcaba sin una pizca de condescendencia temas tan vidriosos como las drogas (siempre fue un ferviente defensor del consumo de todo tipo de estupefacientes), los dogmas religiosos o la prostituida industria musical.

Aun así, la controversia e intentos de censura que siempre se cernían sobre sus presentaciones no le impidieron alcanzar el éxito, su estilo mordaz y ácido le ayudó a cosechar una gran cantidad de leales seguidores y obtener el respeto de sus colegas, siendo nominado en varias ocasiones en la American Comedy Awards.

Pero la vida quiso desquitarse por todas las humillaciones y ofensas que sufrió por parte de Bill, y luego de someterse a varias sesiones de quimioterapia (que no le impidieron a seguir grabando sus shows) perdió la batalla contra el cáncer de páncreas a la edad de 33 años, siendo su temprana partida la broma más pesada de todas.

En su honor se organiza desde el 2004 The Bill Hicks Official Tribute Night, un evento que congrega a varias eminencias contemporáneas de la comedia cada 26 de Febrero, y como nosotros no queremos quedarnos atrás, compartimos un video suyo para también mantener vigente su imagen.